Aprender

APRENDER A ENSEÑAR, ENSEÑAR A APRENDER

Sobre aprender.

“Uno se pasa los primeros 12 meses de vida enseñándole a un chico a hablar y a caminar, y los siguientes 12 años espera que se quede quieto y callado” (Adrián Paenza, 2011)

Adrián Paenza, periodista y doctor en ciencias matemáticas, inicia así una de sus reflexiones acerca del poder que otorga el conocimiento: El placer de tener un problema no resuelto en la cabeza.

En ella, destaca el uso y abuso que puede llegar a ejercer quien conoce sobre quien no. Indica que, cuando nos comunicamos con otras personas, como docentes, como comunicadores, como padres o como amigos, muchas veces no es que el otro no quiera hacer lo que le piden, si no que no entiende el mensaje.  En muchas de estas ocasiones ocurre incluso que, inconscientemente, el que sabe se ríe del aprendiz. Difícilmente alguien admitiría reírse de otro por su ignorancia, pero todos podemos conocer ejemplos habituales. Y esto es algo que el aprendiz percibe.

Partiendo de estas nociones, cabe reflexionar sobre el papel que ocupamos quienes nos enfrentamos a una situación de enseñanza-aprendizaje. Ya sea en un aula, en la mesa comiendo con los hijos o indicando una dirección a un turista extraviado,  de nuestra actitud hacia el aprendiz dependerá en gran medida cómo éste reciba el mensaje.

Algunas cuestiones de suma relevancia para facilitar un aprendizaje en el otro podrían ser las siguientes:

  • Empatía. Ponerse en la situación del otro, imaginar qué parte de un problema necesita resolver, qué tipo de ayuda requiere, qué conocimientos tiene sobre el tema, etc. No resulta positivo, por ejemplo, dar por hecho lo que debe o no saber quien está aprendiendo.
  • Respeto.Es fundamental evitar que el aprendiz se sienta torpe. Inconscientemente, la persona que aprende puede recibir mensajes del tipo de “esto ya deberías saberlo” o “venga, pero si es súper fácil”. Además, es importante respetar los ritmos e intereses de cada cual en el momento de aprender. Los 70 años no es una edad demasiado tardía para aprender a utilizar una aplicación móvil, ni los 20 es una edad que obligue a estudios universitarios.
  • Humildad. Existe una cierta picaresca que aparece en forma de presumir de conocimientos que no tenemos, aprovechando que quien tenemos delante desconoce aún más el tema a tratar. Es algo evidente, por ejemplo, en publicidad engañosa, cuando se utilizan tecnicismos con intención de realizar una venta (cosas así como que una crema antiarrugas contiene no-sé-qué elementos de las algas y la placenta de las ballenas y que, por lo visto, ahora son beneficiosos). De otro modo, también convendría evitar engrandecer la relevancia de nuestro saber. Puede que quien tengamos delante desconozca ciertas leyes de la física, pero también es probable que esta persona no requiera estos aprendizajes para su día a día.
  • Motivación. Al hacerse cargo del aprendizaje de otro, procuremos que éste sienta placer por el hecho de conocer; ayudémosle a querer saber y a sentirse cómodo aprendiendo. Aprovechemos las cuestiones que demanda, por ejemplo, un niño y evitemos planteamientos como “eres demasiado pequeño para saber esto”, “no quieras saber tanto”.
  • Atención a la diversidad. Al igual que ocurre en cualquier otro aspecto del desarrollo, cada persona aprende a un ritmo que requiere ser respetado. Mensajes del tipo “pues el niño de mi vecina tiene 3 años y ya escribe su nombre” pueden resultar altamente dañinos al convertir el proceso de conocer en una carrera.
  • Coherencia. Es importante que creamos en aquello que ofrecemos. Las personas creemos en mayor medida a las fuentes que nos resultan de fiar. Si el mensaje y el mensajero no resultan compatibles, calarán menos hondo en el receptor. Para animar a un niño a leer, éste debe vernos leyendo.

Desde aquí invito a que compartamos nuestro conocimiento y a que hagamos de la tarea del aprendiz un camino agradable y sencillo.

En palabras de Paenza:

…“cualquiera que tenga cualquier conocimiento, cualquier persona que pueda tener una idea, ¡compártala! Y si todo el mundo está apurado por llegar a alguna parte, déjenme decirlo en función de lo que esta sociedad valora: yo llegué, no hay nada”…

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